domingo, agosto 27

La bicicleta.

No se si llegaba a los 10, pero recuerdo perfectamente aquel momento.
Estabámos acostadas en tu cama, mami, con las piernas colgando hacia afuera por la ventana, que daba a la terraza . Era una calurosa noche de verano y el ritual nos reunía para charlar de nuestras pequeñas e importantes cosas...y, de repente, una estrella fugaz atravesó el cielo oscuro. Supe que esa era la oportunidad...
Cerré los ojos y deseé con todo mi corazón..."quiero una bicicleta".
(Porque es sabido que las estrellas fugaces te traen lo que les pedís si lo hacés enseguida que pasan...).
La noche nos venció en un sueño profundo pero jamás voy a olvidar lo que pasó después.
Al poco tiempo llegó una encomienda, de nuestros pagos bonaerenses: una hermosa bicicleta color violeta, nueva, magnífica...para las nenas, de parte de los tíos.

¿Fue la estrella?...Sí, estoy segura que Alguien escuchó el deseo de mi corazón.

2 comentarios:

Pali dijo...

HOLA!!! Qué lindo lo que contás.
A mí la bicicleta me hace acordar a mi abuelo (el mismo del que te hablé en "LA veleta de Monte Castro"). Mi abuelo se autonombró el ENCARGADO OFICIAL de enseñar a andar en bicicleta a todos sus nietos (14 en total). Cuando llegaba el momento, él nos venía a buscar y nos llevaba desde casa hasta algún destino particular, donde él había calculado que al llegar ya andaríamos solitos.
En mi caso, tenía 5 años (me acababa de convertir en hermana mayor), y salimos desde casa hasta el santuario de la Virgen de Lourdes en Santos Lugares. Recuerdo cada minuto de ese "viaje fantástico". Cuando sali, él me iba llevando al trotecito, enganchada por debajo de los brazos con uno de sus cinturones...al llegar al santuario ya andaba solita desde hacía un rato. Y él, pobre trotando todo el camino!!!! Paramos a tomar una gaseosa en un barcito y mi abuelo llamó por TE a mi papá para que nos vaya a buscar, pero yo le pedí que quería volver en bici...así que el pobre se volvió trotando!!!!
Y hoy le tocó aprender a andar en bici a Michelle, mi primogénita, no sabíamos como hacer, ya no está Tati por acá...así que mi hermano menor tomó su lugar. La llevó hasta Agronomía y llegó andando en bici. Cuantos recuerdos!!!!
Gracias por refrescarnos la memoria

Panflín dijo...

Sí.
Los corazones gritan y los corazones oyen; no sabemos en qué frecuencia sonora lo hacen, pero de algún modo será.

¿Sabes? Yo nunca he tenido una bicicleta de verdad; como mucho, una con ruedines a los lados, cuando tenía cuatro o cinco años; mi abuelo me llevaba a la calle a veces para que pedaleara un poco, pero nunca llegábamos más allá de la segunda esquina.

Nunca aprendí a montar en condiciones, y si hoy me subo durante un rato a un sillín termino con moretones en lugares poco demostrables...

¿Por qué no aprendería entonces? Así hoy estaría seguro de tener al menos una destreza que jamás perderé.

Da igual. Cualquier día saco del armario los patines y me lanzo cuesta abajo.