
El miércoles, volviendo de un curso sobre períodos históricos de Argentina, hablaba con el taxista. Me decía que está al volante 14 horas por día. Demasiadas horas, le dije...
Y aprovechó para contarme que su abuelo- inmigrante español- había conducido un coche tirado por caballos (... y ahora no recuerdo el nombre) por las calles empedradas de Buenos Aires allá por el 1900.
Me mostró con orgullo la fotocopia de aquella histórica licencia de conducir, fechada en 1936, con esa caligrafía típica de la época, a pura pluma y tintero.
Hablamos de la historia, de las historias. La suya, la del abuelo, algo de la mía. Y le conté que soy maestra y que disfruto de mi trabajo. Hubiese querido hablar más. Existen sujetos tan interesantes, llenos de minúsculas fachadas que esconden grandes verdades. Las historias vivientes. Los documentos que no debemos desaprovechar si queremos conocer las historias de la Historia, en versiones anónimas pero tan reales, tan verídicas.
Hablar con los que saben, con los que han vivido: los protagonistas. Conocer "la otra campana de la historia". Aprendí dentro y fuera del curso...
Esta mañana me levanté temprano y terminé este video que hice para presentar en uno de los cursos. Ojalá puedan verlo! Creo que salió lindo. Es para un Proyecto de la escuela que comienzo en mayo. (En flash... sólo se ve con el complemento).
¿Están conformes con sus trabajos? ¿Desearían cambiar sus historias?
¡Feliz mayo para todos!